Esconder la cabeza debajo de la tierra ante algún peligro o contingencia es una actitud no sólo torpe, sino además cobarde. Es evadir una realidad que no podemos evitar, ni cambiar. En tratándose de un funcionario público, esta conducta resulta inadmisible. Tiene la obligación, siempre, de dar la cara a los ciudadanos, sus patrones.
Esto viene a cuento porque la actitud asumida por las autoridades delegacionales de Benito Juárez ante sucesos adversos, accidentes y desastres naturales ha sido precisamente esa: la que injustamente se atribuye al avestruz. En casos concretos como la intervención de la procuraduría capitalina en dos antros de la avenida Insurgentes donde se detuvo a más de 200 personas por prostitución, lenocinio y tráfico de drogas; el incendio de un edificio en construcción en San Borja y avenida Cuauhtémoc, o el derrumbe provocado el viernes pasado por los constructores de un edificio en la colonia Insurgentes Mixcoac, que causó daños a siete viviendas, la DBJ ha guardado un ignominioso silencio.
Nada ha informado de esos sucesos, de sus causas, de sus consecuencias, de las responsabilidades en que incurrieron los respectivos autores y la propia autoridad. Opta la delegación encabezada por Germán de la Garza Estrada por asumir la actitud omisa y dejar pasar.
Las consecuencias de esta práctica, por lo demás absolutamente antidemocrática y nada transparente, se revierten contra quien la ejerce y se convierte en desconfianza de la ciudadanía hacia sus gobernantes. Es exactamente lo que ha ocurrido en el caso del derrumbe de Insurgentes Mixcoac: el silencio de la autoridad delegacional, la falta de información, ha provocado justificadas suspicacias entre los vecinos afectados, que temen que la DBJ esté sólo encubriendo faltas graves de la empresa constructora.
El tema atañe directamente al área de Comunicación Social de la delegación Benito Juárez, donde despacha y cobra como director Rubén López-Córdoba Betancourt, cuya obsesión central parece ser el ocultamiento de la información. Es una anticomunicador nato, que entiende su tarea sólo como la obtención de lisonjas y alabanzas para su jefe mientras con actitud de sirvienta sinvergüenza opta por esconder la basura debajo del tapete.
Habría que saber, para entender lo que pasa en Benito Juárez en materia de comunicación social, si el ocultamiento de la información es una manía personal del señor López-Córdoba u obedece a una política aprobada y apoyada por el jefe delegacional. Ambas cosas resultan muy lamentables, porque tan grave es tolerar o permitir como ordenar o propiciar. Con razón las cosas en la DBJ están como están. Válgame. ofrancisco6@aol.com