EL NOTICIERO LOS CENTENARIOS: EL 'PADRE DE LA PATRIA', ARRINCONADO EN SAN JOSÉ INSURGENTES DESDE HACE MÁS DE 30 AÑOS - ENTRE MIXCOAC Y LA LOCURA, LA LEYENDA NEGRA DE 'LA CASTAÑEDA' - PINTARÁN EN SEDE DELEGACIONAL DE ÁLVARO OBREGÓN SIETE MURALES CON MOTIVOS PATRIOS - EXHORTAN A DELEGACIONES A QUE DURANTE FIESTAS REALICEN OPERATIVOS EN MERCADOS CONTRA VENTA DE MATERIAL PIROTÉCNICO - LA OFCM OFRECERÁ MÚSICA MEXICANA EN SU TEMPORADA DE OTOÑO EN LA OLLÍN

-VESTIGIOS
-ELMANDIL
-CORREOLIBRE
.ANTERIORES
.
..PATROCINADORES

Fundamentalismos democráticos

.
Alfredo Vinalay

En estos días se ha venido gestando al interior del PAN una discusión que a mi entender es estéril desde el punto de vista intelectual. Se trata de decidir si el método para elegir candidatos debiera ser la designación o la elección entre militantes. Aunque, insisto, en que la discusión se da al interior del Partido Acción Nacional, algunos medios de comunicación escritos ya han registrado el tema y si no logramos comunicar bien nuestra estrategia pudiéramos estar dando un mensaje equivoco a los ciudadanos. Hoy quisiera hacer algunas reflexiones para aportar un punto de vista respecto a lo que sucede.

En primer lugar creo que todos en el PAN coincidimos en que nadie desea que haya designaciones (per se) y se establezca este método como una forma de control totalitario. Es falso por lo tanto polarizar el debate acusando a varios de no permitir que los militantes ejerzamos nuestro derecho de voto. El PAN ha luchado contra eso durante toda su historia y me parece inadecuado pretender hacer pasar a algunos como traidores a nuestra historia y principios.

Pero si bien las designaciones no son deseables en sí mismas, tampoco lo son las contiendas internas bajo las condiciones que hoy prevalecen. Para nadie es un secreto que se han introducido al PAN malas mañas y malas costumbres que poco a poco han viciado nuestras formas para elegir candidatos. En ese sentido el PAN no ha logrado actualizar sus métodos sin perder su espíritu democrático.

No es extraño. El PAN ahora tiene muchas posibilidades de acceder al poder y los intereses han ido en aumento. Pero quienes militamos y creemos en el PAN como una forma de alcanzar el bien común, tenemos la obligación de mantener la justicia, equidad y valores democráticos en la institución. Ir a una contienda interna dentro del PAN es hoy, asegurarle el triunfo a unos cuantos. El padrón del PAN creció en el último año de una forma exorbitante y sin que nadie tuviera el cuidado de que esos militantes le aseguraran una mejor membresía a la institución. En este momento hay personas dentro del padrón que ni siquiera saben que son miembros del PAN.

Por eso contender esperando ganar es una utopía: si no se conoce el padrón y hay personas que siendo miembros activos jamás han pisado en un edificio del partido, no veo cómo pueda haber elecciones equitativas. Esa es la razón por la que algunos, usando el garlito de la democracia, pretenden convocar a elecciones que ya tienen facturado el resultado.

En ese sentido, tampoco las elecciones internas con las condiciones actuales garantizan democracia. Por eso creo que ni las designaciones son condenables, ni las votaciones son la panacea. Haciendo un símil con las reflexiones de Aristóteles sobre buen gobierno, vale decir que cualquier método para elegir a nuestros candidatos puede ser bueno, siempre y cuando la recta intención prevalezca entre nosotros. El griego decía que entre la Monarquía, la Aristocracia y la República cualquier forma puede ser buena si hay “recta intención”. Pero si los hombres se dejaban gobernar por el poder y la ambición, cualquier forma de gobierno podría corromperse y desvirtuarse.

Hoy en el PAN hay quienes usan el discurso demócrata, pero en el fondo lo que pretenden es imponerse y pasar por encima de los demás. A esos yo los llamo, usando la frase de Juan Luis Cebrián: “Los Fundamentalistas de la Democracia”. Usar el discurso demócrata con prácticas monopólicas me parece una forma de tiranía y de esquizofrenia política. Bien dicen que la democracia también se defiende desde las cloacas. Si se sigue usando el discurso demócrata para encubrir una imposición, vamos a convertirla en una ideología para arrimar vicios y formas de una nueva esclavitud. Por eso, volviendo al tema de las candidaturas, es una peligrosa tentación creer que ejerciendo un voto se consolide la democracia o designando candidatos se establezca el “el dedazo”.

Pero déjenme recordarles, si los lectores me permiten la comparación, que en 1976 el presidente Adolfo Suárez de España llegó al poder impuesto por el Rey Juan Carlos. Bien podría el Monarca haber convocado a elecciones o aceptar otras de las muchas propuestas que estaban sobre la mesa, pero eligió, de forma totalmente personal a Suárez. Todavía no pasaban veinticuatro horas cuando algunos ya buscaban la forma de boicotear a Suárez para que renunciara. Su gobierno fue calificado “de tercera”, se les decía “jóvenes oportunistas”. Pero al paso del tiempo, el nuevo Presidente supo demostrar sus intenciones de modernizar España y hoy por hoy, Adolfo Suárez es reconocido por haber sido el arquitecto de la transición de España.

En cambio Hugo Chávez o Adolfo Hitler llegaron al poder por medio de las urnas, contando con la “voluntad del pueblo”. Millones de ciudadanos votaron para que ambos actores dirigieran el rumbo de sus países. Es incuestionable la forma en que ambos arribaron al poder, pero sin detenerme en el resultado de su gestión debo decir que las consecuencias de esos procesos “democráticos” serán huellas indelebles para toda la humanidad.

Por eso creo que nuestro juicio debe ser mesurado, prudente, cauteloso. Las candidaturas deben ser plurales y no patrimonio de algún grupo; deben reflejar la realidad del partido y también las aspiraciones de la sociedad a la que representamos. No podemos sacarnos de la manga candidaturas para cumplirle su capricho o interés a alguien. En este proceso electoral, el objetivo debe ser buscar la unidad, antes que ganar la calle, perdiendo el partido.
Google


Web Libre en el Sur