Inquieta constatar que el ambiente de desánimo, división, encono y manipulación, es el que reina en el Partido Acción Nacional. Aunque es un secreto a voces lo que pasa al interior de ese partido, pocos son los que públicamente hablan del tema por evitarse un conflicto mayor. Pero la realidad es que el PAN vive un momento crítico, delicado. La ausencia de varios de sus principales líderes, la actitud de indiferencia frente los que sí asistieron, la falta de compromiso de muchos de los asistentes, los “descuidos” en el reparto e intercambio de brazaletes, fueron algunos, pero sólo algunos de los hechos más representativos de la jornada del sábado pasado.
Pero aunque algunos pretenden minimizar estos hechos, cosa que ya se está haciendo costumbre, la verdad es que el PAN no pasa por su mejor momento, más bien, cada día se agudiza más la crisis por la falta de disposición para reconocer errores y abrir el diálogo interno. Una de las deficiencias que tiene el PAN, y que abona en esa situación, es que no existen mecanismos formales de diálogo. El Comité Ejecutivo Nacional (CEN) y el propio Consejo Nacional, ya perdieron su esencia. Ya no son los lugares donde se pueden dirimir las diferencias. Hoy prácticamente sólo se permite hablar bien del gobierno y de la dirigencia, pero en cuanto se pone sobre la mesa un tema “incomodo”, no faltan los mal informados que toman el micrófono para acallar, con acusaciones y no con argumentos, cualquier debate. Y si el tema se ventila fuera del partido, acusan de rebelión o de traición cualquier señalamiento.
Hace algunos meses vimos que fue puesto en Comisión de Orden a un militante por hacer una acusación pública, pero aquello que acusaba, jamás fue investigado. De hecho, aún hay asuntos en la Comisión de Orden que no han sido resueltos, como las afiliaciones masivas que hicieron algunos conocidos militantes y el uso hasta de “notarías públicas” como domicilios particulares, cosa que además constituye un delito tipificado en el Código Penal. Pero estas investigaciones no siguieron su cauce normal. “Se murió el tema”.
En el fondo, no hay diálogo. Hemos entrado ya al terreno de la simulación y la frivolidad. Por eso hay quienes proponen volver a empezar. Porque la simulación y la frivolidad son dos de los componentes del sistema político priísta que el PAN combatió durante setenta años y que conquistó la voluntad de los ciudadanos. Caer en esos vicios, es traicionar la causa que nos dio los triunfos que obtuvimos. Por eso es pertinente que el llamado a la unidad a que se convocó el fin de semana, se traduzca en hechos concretos. En una agenda de unidad con objetivos y compromisos concretos. Porque la unidad se construye desde la autoridad. Es ésta la que debe encabezarla para poder llegar a buen puerto. Vamos a ver qué pasa en los próximos meses. Por hoy, el panorama frente a los próximos procesos electorales es adverso y sombrío (24 de mayo del 2010).