Las estrategias de los partidos ya están definidas. El PRI ungió el sábado pasado a Emilio Gamboa como “líder” de la CNOP colocándolo en la antesala de la dirigencia de su partido, espacio que hoy ocupa Beatriz Paredes. La llegada de Gamboa no se da porque garantice el crecimiento de la central obrera, ni tampoco porque obtienen mayores beneficios para “las bases”. Gamboa llega por el consenso y la fuerza de un ex presidente y porque esa posición les sirve de puente entre los grupos que aspiran a la contienda presidencial.
Si bien el PRD aún no logra definir un solo candidato como lo pidió el jefe de gobierno Marcelo Ebrard en noviembre pasado, saben perfectamente que ninguno de sus aspirantes tiene futuro si llegan divididos. El propio Andrés Manuel se encargó de dinamitar buena parte del capital que ese partido le construyó para la elección de 2006, pero encolerizado por el resultado, prefirió poner una bomba política en el país, que le explotó en sus propios pies. Esa lección ya la saben algunos, por eso el Jefe de Gobierno insiste en que debe ir uno sólo a la elección.
Lo que me preocupa es el PAN. No obstante la lección de las derrotas en las elecciones de 2009, la pérdida de Mérida, y el descrédito que el partido ha ido acumulando, no veo por ningún lado la intención de construir un acuerdo que permita navegar en el mismo barco y hacia el mismo destino. Por el contrario, cada día surgen grupos distintos que pretenden avanzar en sus aspiraciones, legitimas o no, pero que buscan espacios de participación que no encuentran.
Contrario a lo que se podría esperar en tal contexto, en el barco del PAN unos tienen el timón, pero no saben para dónde ir; otros manejan las velas, pero no encuentran viento a favor; otros controlan la propela, pero no saben para qué es, y toda la tripulación anda en el jolgorio de la fiesta de ayer. Lo peor es que cada uno se conforma con su pedacito de barco, lo disfrutan, lo presumen, y al que osa asomarse a ver cualquier espacio se le lanza al mar para que se lo coman los tiburones. Por desgracia, la nave se está hundiendo por los torpedos que ha acertado el adversario, pero la neblina de la noche no deja ver esta realidad a una joven tripulación. La única forma que yo veo en el horizonte, es la de aquellos que ya lo vivieron. Que saben que el país se construye con acuerdos, no con imposiciones. Por eso, si queremos salir adelante, el nombre del juego debe ser, unidad.