Este viernes 11 comienza el mundial. Pudiera parecer algo menor, superfluo, frívolo, pero no es así. Eventos de esta magnitud tienen un gran impacto en la población y buena parte de las instituciones públicas o privadas consideran este acontecimiento en sus agendas. Hay estudios y estudiosos del comportamiento de la población frente a este fenómeno deportivo de cada cuatro años. Hay quienes afirman que las expectativas, la mentalidad, el ánimo social de la población cambia significativamente, dependiendo del resultado de nuestra selección. Y es que el mundial se convierte, para algunos, en una realización o en un fracaso personal, en una extensión de nuestras propias expectativas.
Buena parte de la población acompaña a la selección nacional durante los preparativos para el evento. Se compra su camiseta, hace sus apuestas, o hay quien gasta su patrimonio o lo pone en riesgo, para viajar a la sede deportiva como si se tratara de la oportunidad de su vida.
Nada de eso es dañino, al contrario; veo como una catarsis social el fenómeno.
Lo importante es que cada vez que esto suceda, los individuos y las instituciones tengamos la madurez de no perder de vista los retos que tenemos frente a nosotros y en los que todos nos debemos de comprometer. Parte de la agenda de nuestro país, y también de la ciudad, es generar más y mejores empleos, combatir la corrupción, proponer y operar mecanismos que garanticen mayor seguridad para la población, elevar el índice de participación ciudadana y mejorar el medio ambiente. Yo estoy convencido de que todos podemos ayudar en algo a resolver estos retos. Que no son tareas sólo del gobierno y que al resolverlos, los beneficios también los compartiremos.