Aunque pareciera de poco impacto social, pues aún no parece ir más allá de la presión y manifestación mediática, hay un duro golpe a la vida social e institucional del país con los asesinatos perpetrados hace algunos días en contra de menores de edad. Uno en la frontera, contra un joven de 15 años debajo de uno de los puentes internacionales y a plena luz del día. Los otros dos, cometidos por un padre de familia en la ciudad de México, contra sus propios hijos de uno y dos años de edad, respectivamente.
Los últimos informes de UNICEF nos explican que esta clase de fenómenos ha crecido en los últimos años en varios países. Los abusos, maltrato y una cauda de injusticias contra los niños se cometen en varios países, México entre ellos, por desgracia. Si bien la pobreza y marginación tiene una relación cercana a este tipo de fenómenos, también en países desarrollados se refleja la falta de atención a los menores y los abusos cometidos en su contra. Delitos que van desde la falta de registro al nacer, hasta el tráfico, prostitución, y por supuesto los asesinatos.
UNICEF menciona en uno de sus reportes que alrededor de 51 millones de niños y niñas nacidos sólo en 2007 no fueron inscritos al nacer. También menciona que en 37 países el 86 por ciento de los niños entre dos y 14 años experimenta castigo físico y/o agresión psicológica.
En México son particularmente vulnerables al abandono o a algún tipo de violencia los niños y niñas que manifiestan algún tipo de discapacidad. Por otro lado, hay una enorme cantidad de niños y niñas sujetos a trabajo desde temprana edad. Los números del organismo internacional hablan de 158 millones en edades comprendidas entre los cinco y los 14 años. Por fortuna en nuestro país ese fenómeno ha ido disminuyendo, pero aún persiste en algunas zonas del país, sobre todo en los estados del sureste.
En otras partes del mundo, aproximadamente 250,000 niños y niñas se encuentran involucrados en conflictos armados, ya sea como combatientes, mensajeros, espías, porteros, cocineros, etcétera. La atención a la niñez debe ser una preocupación de estado. Son muy útiles y valiosas las aportaciones que hacen organizaciones independientes, pero nunca suficientes si no hay una política que coordine el esfuerzo y tenga el respaldo estatal. Además, la ley debe castigar con todo rigor los abusos y falta de atención, máxime si se trata de los propios padres quienes desahogan en los infantes toda su carga de frustraciones.
En el caso del asesinato en la frontera, el problema va más allá del crimen contra el menor, de por sí grave. Se puede convertir en un tema que derive en venganzas y ataques de grupos sociales contra autoridades migratorias, pues de por sí nunca ha habido una buena imagen de ellas, que a pulso se han ganado la antipatía de los migrantes por los abusos que han cometido en distintos estados de la unión americana. La frontera entre los países es territorio de conflicto. Por eso debemos poner especial cuidado en no dejar que se sigan cometiendo este tipo de crímenes y menos contra inocentes. Debemos poner más atención en los menores, futuro de toda comunidad. Ojalá que en medio de los crímenes que todos los días vemos en la prensa, la violencia contra los niños no sea parte de esta lucha.