No sabemos aún el resultado final de varios de los procesos. Algunos se van a ir a los tribunales y seguro habrá sorpresas. Pero de lo que tenemos hasta el momento podríamos adelantar algunas notas que van perfilando el panorama. En primer lugar me queda clarísimo que prevalece el clima de desconfianza en todo el país y por lo tanto no podemos hablar de que haya democracia en México. Porque la democracia se nutre de la confianza, no de la duda. Si no, ¿cómo nos podemos explicar que todos los partidos políticos enviaron a sus ejércitos de mapaches y caza-mapaches a los estados con elecciones? Dígame alguien qué tenían que hacer los funcionarios públicos, diputados y demás estructuras partidarias del DF o de Coahuila, entre otras, metidas en los procesos de estados donde no están domiciliadas? Algunos fueron detenidos, sorprendidos o por lo menos se sabía de su presencia porque algunos dirigentes partidistas o autoridades se dieron el lujo de nombrar “enlaces” para el proceso electoral. Otros operaron en la clandestinidad, ya se les volvió vicio, ocultos para- ocultar- su dudosa función en esta confusa jornada.
En esta cruzada electoral todos han esgrimido sus razones para movilizar a sus ejércitos. Todos argumentan razones de estado para evitar que cualquiera de los partidos tenga ventaja en el proceso. Todos lo hacen "por el bien de México". Para los que gobiernan, la “continuidad” es su bandera; los que no, “romper con la hegemonía de un grupo en el poder”. La realidad es que seguir con esa polarizada agenda, no solamente evitará que el país pueda avanzar, sino que nos pone en la antesala del retroceso. Porque si todos tienen buenas excusas para operar de la forma en que lo hicieron este domingo, los medios que se utilizan para obtener triunfos son cada vez más inconfesables si no es que ilegales.
En esta jornada varios personajes tienen triunfos, pero todos tienen sus raspones. La dirigencia del PAN dice que ganó, lo que implica que el caso de Tlaxcala, Aguascalientes, Chihuahua y TODOS los municipios de Baja California no estaban en su agenda, pues se perdieron. En cambio, los triunfos a los que se refieren son las alianzas, la verdadera apuesta de la actual dirigencia, no sé si del PAN. Estos triunfos ayudan a despresurizar el embate del PRI, que calculaba llevarse el carro completo y poner contra las cuerdas al PAN para poder negociar el diálogo convocado por el Presidente. Ahora, bajo esas circunstancias, el ajedrez político se transforma porque sin Oaxaca y Puebla, sin Ulises y Marín, seguro el tono de voz de los priistas bajará por lo menos dos rayitas.
Beatriz Paredes en realidad ha hecho una excelente jornada. Los números hablan por sí mismos, recuperó Tlaxcala y se enfundó nueve de doce gubernaturas. Pero ella sabe muy bien cuál será el costo de haber perdido Oaxaca y Puebla, dos reservas de votos fundamentales para su partido y dos gobernadores que estarán en el patíbulo si no cuidan su salida. La dirigente descalificó las alianzas y hasta el momento no ha sabido darle la vuelta a la tortilla. El golpe ha sido tan fuerte, que no ha podido articular su discurso mediático y se está quedando atrás.
El PRD fue parte de las alianzas, pero en el caso de Oaxaca es una posición más de López Obrador que de Jesús Ortega, lo que quiere decir que éste no puede cantar ese triunfo como propio. El de Oaxaca y Puebla no son del todo claros. La ciudadanía no dio un cheque en blanco a quienes triunfaron, por lo que habrá que ver si los gobiernos de las alianzas tienen la capacidad de co-existir con tales diferencias o fue solamente flor de un día. Me preocupa Chihuahua, Tlaxcala y Aguascalientes, que nadie les ha llorado. Más bien nadie se quiere hacer cargo de esas derrotas para el PAN. Pero llegadas las aguas a su nivel, alguien deberá responder por esos estados.
No ignoro ni paso por alto el hecho de que el hoy gobernador de Tlaxcala es un ex priista expulsado de su partido precisamente por el hoy candidato priista Mariano González Zarur. En realidad no alcanzo a oler o percibir la huella del PAN en ese gobierno, pero por decirlo de alguna manera el PAN alquiló su marca en ese Estado. En el caso de Aguascalientes el PAN llevaba gobernando dos sexenios y hoy se pierde principalmente por la división interna y por la mala gestión del gobierno actual.