Para poder asegurar, como algunos consideran, que las alianzas entre PAN y PRD triunfaron, no es suficiente la dudosa y maltrecha aduana de las urnas. Hasta hoy, el festejo por el triunfo de tres elecciones en alianza ha sido más una cortina de humo que una victoria del PAN, porque la jornada electoral era mucho más que esas alianzas.
Aunque el triunfo en esos estados ha servido a la dirigencia del PAN para posicionar la idea de que el PRI no es invencible, el PAN carga con estrepitosas derrotas que hasta hoy permanecen huérfanas y en total silencio. En Aguascalientes, Chihuahua, Tlaxcala y Baja California no se han puesto sobre la mesa los graves errores que el partido, sus dirigentes y sus gobiernos cometieron, y que lejos de fortalecer sus posiciones rumbo al 2012, disminuyeron su presencia en estados emblemáticos para ese partido.
Baja California fue el primer estado con gobierno panista y hace apenas un trienio libró una batalla de titanes para impedir que Jorge Hank Rhon ganara la gubernatura del Estado. Hoy el PAN perdió todo. Aguascalientes cumplía dos sexenios de gobierno panista, el primero de ellos con excelentes resultados y una gran transformación en infraestructura y servicios que le permitió al gobernador actual obtener un triunfo de casi veinte puntos porcentuales de diferencia, ganar 10 de 11 municipios y 15 de 18 distritos electorales en 2004. Hoy completamente derrotados. Chihuahua, cuna del fundador del PAN, Manuel Gómez Morín, fue en los ochenta un emblema para el panismo que en los últimos años tuvo su bastión en la capital, donde hoy los ciudadanos no les refrendaron su voto y sufrieron una terrible derrota.
De todo esto no se ha pronunciado aún la dirigencia, pero muy certeras fueron las declaraciones de Ernesto Ruffo, al decir que los triunfos obtenidos no son del PAN y tampoco “significan su regreso a la senda de victoria” como proclaman algunos enfiestados.
En todo caso, lo que pudiera demostrar el éxito o fracaso del experimento electoral que mantuvo en vilo a los dirigentes de esos partidos políticos durante los últimos meses, al grado de descuidar y perder sus bastiones, son los resultados de la gestión de gobierno que entreguen en el corto plazo, porque la población, según lo manifestado en las urnas, estará muy pendiente del beneficio tangible que pudiera resultar de mezclar el agua y el aceite. No va a pasar mucho tiempo para que los ciudadanos comiencen a cuestionar ese extraño ejercicio, desde la integración del gobierno, hasta el avance del programa que acuerden, si lo hacen.
No será sencillo concentrar, en un gobierno urgido de resultados inmediatos, las opiniones, estilos, propuestas, agendas, prioridades, intereses, vicios, virtudes, experiencias y fracasos de dos fuerzas que hasta hace muy poco tiempo se acusaban de espurios y se declaraban legítimos. Pero si ese licuado político transforma rápidamente los reclamos de la sociedad en acciones de gobierno y triunfos ciudadanos, no cabe duda de que podría ser un camino hacia el pacto social que desde las posiciones originales, los partidos no pudieron lograr.
El problema es que candidatos como Malova ya comenzaron a declarar que el triunfo no se lo deben a nadie, mientras llama a viejos priistas para integrar su gobierno. ¿Qué ganó el PAN?. Los panistas de Sinaloa dicen que no participaron en la campaña; para ellos fue tal la decepción de la forma como se procesaron las candidaturas, que todavía no dejan de asombrarse. Por el contrario, piensan que buena parte del triunfo de Malova se debió a las traiciones al interior del PRI sinaloense. Y si no, ¿cómo explicar que él tuvo más de cien mil votos de diferencia a su favor en Los Mochis?. Habría que pensar seriamente si más bien a Vizcarra no le ganaron los propios priistas.
Lo que más debiera preocupar a los panistas, es que será precisamente Acción Nacional quien pague las consecuencias de un mal gobierno, si no compromete a sus “socios” a cumplir las necesidades que los ciudadanos les están demandando, pues la dirigencia actual se ha esmerado en hacer sólo suyos los triunfos.
Porque el PAN les puso el rong, pero fueron finalmente los priístas quienes pusieron a los candidatos y llevaron al terreno de lo público, lo que era una batalla interna. Me pregunto qué va a hacer Acción Nacional dentro de tres años, cuando en los estados donde hoy proclama su triunfo, tenga que postular candidatos. ¿Le va a consultar al gobernador? ¿Habrá elecciones internas, aún en contra de la opinión del gobernador? ¿Serán estos gobernadores miembros del Consejo Nacional del PAN? ¿Permitirán esos gobernadores que el PAN libremente postule a sus candidatos? Y tantas dudas que hoy, más que seguir festejando, debiera responder el partido humanista.