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El San Simón de Monsiváis |
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Francisco Ortiz Pinchetti |
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El barrio conserva algo de su fisonomía pueblerina, como el trazo caprichoso de sus callejuelas, los estanquillos, la carnicería de la esquina, la fonda de doña Lupe, la vetusta capilla del siglo XVI, el jardincito que ni a parque llega. Apergollado entre los ejes viales y la calzada de Tlalpan, mantiene sin embargo una vida comercial y comunitaria intensa. Quedan pocas casas viejas pero muchas reminiscencias. Es San Simón Ticumac, la colonia donde vivió y murió el escritor Carlos Monsivais.
Hace casi 70 años, los herreros del rumbo empezaron a instalar sus puestos de fierros viejos en la calle Libertad, junto al viejo mercado que hoy es uno de los más grandes, completos y prestigiados de la ciudad, por la calidad y variedad de sus productos alimenticios. Ese, y el de Plomería y ferretería, además del tianguis callejero “de viejo”, son en realidad los mercados de San Simón, en cuyos límites territoriales se ubican, pero que al correr los años se los acabó por apropiar la colonia Portales, cuando menos en la nomenclatura y en la percepción de sus visitantes.
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San Simón tiene en total 64 manzanas y vive literalmente adherido a la calzada de Tlalpan, que le proporciona posibilidades de comercio, vialidad y transporte. Y baile, claro: ahí sobrevive aún el legendario California Dancing Club. Sus otros límites territoriales son la avenida Independencia al Norte, donde colinda con la colonia del Periodista; el eje central Lázaro Cárdenas, al poniente, y la calzada Santa Cruz al Sur, justo donde se besa con la colonia Portales Norte, con quien disputa la supremacía mercantil, aunque ya no la fama.
Hasta donde se sabe, nos cuenta la cronista de la delegación Benito Juárez, María de Jesús Real García Figueroa, Ticumac empezó a formarse en una porción de tierra firme que emergía al sur de la laguna que rodeaba la ciudad lacustre de Tenochtitlán y que sirvió de contrafuerte para el terraplén de ocho metros de ancho construido por los aztecas como camino o ruta destinado para su ejército y los pochteca o comerciantes. Al consumarse la Conquista, las tierras y familias de Ticumac pasaron a formar parte de los primeros latifundios regionales o haciendas. Los frailes franciscanos avecindados en Coyoacán construyeron a mediados del siglo XVI una modesta capilla en esta población, la cual dedicaron al apóstol San Simón y en ella comenzaron su labor evangelizadora por esta zona.
Tierra de floricultores y cultivadores de las más variadas legumbres que proveían a la Ciudad de México, San Simón Ticumac fue por largo tiempo una comunidad semiurbana, que compartía muchos aspectos con otros pueblos, entre otros Santa María Nativitas, Santa Cruz Atoyac y Xoco. Sus pobladores se ocupaban del cultivo de magueyes, maíz y diversas plantas; además, se criaban aquí cerdos y vacas atendiendo desde luego la producción de sus derivados.
La calle principal es por supuesto San Simón –empedrada allá por 1910—en cuyo número 62 está la casa en que vivió Minsiváis al lado de su madre y sus 13 gatos.
Los vecinos cuentan que con frecuencia veían pasar caminando al escritor –que nunca uso automóvil propio-- rumbo a la calzada de Tlalpan, para meterse en alguna fonda o abordar un taxi, o por la calle Juan Escutia, hacia el jardín “Pascual Ortiz Rubio”, ubicado prácticamente a la vuelta de su casa, donde acostumbraba pasar ratos de solaz y lectura. Dicen que rara vez se encaminaba con rumbo al mercado, pero sería impensable que no fuera cliente asiduo del tianguis “de viejo” de las calles Libertad y Rumania, cuando era, entre otras muchas cosas, un apasionado coleccionista de objetos antiguos.
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